jueves, 19 de agosto de 2010

Casta-Medieval








ESCUDO- CASTILLO DE HORMAZA
PALACIO DE LOS CASTAÑEDA.





La Edad Media es habitualmente una época oscura en la historia general, oscuridad que resulta inevitable extender al Valle de Toranzo, sobre todo en lo que a la Alta Edad Media se refiere, un tiempo confuso con apenas información documental. La Baja Edad Media goza de mayor registro, debido en gran parte a fuentes históricas; como los pleitos mantenidos con motivo de la intromisión del poder señorial en un Valle que, ya explicaremos, era jurisdiccionalmente libre; como las donaciones que en muchos casos fueron recogidas por los archiveros de los distintos monasterios; como las diferentes actas de reunión de los concejos o cualquier otro tipo de órgano administrativo; o como una serie de catálogos de propiedades y derechos, realizados para explotar mejor los diversos privilegios reales otorgados a los señores. En todo caso trataremos de establecer un paralelo a la historia general de Cantabria, profundizando en el Valle de Toranzo en los momentos en que dispongamos de fuentes documentales.
Como veremos más adelante, durante la Alta Edad Media, el territorio estaba bajo influencia de una serie de familias entre las que destacaba la de los Ceballos. Pero se trataba de un dominio pactado, ya que gran parte de los toranceses tenían libertad para elegir a sus señores. Por el contrario, en la Baja Edad Media el Valle será sometido por el linaje de los Castañeda y posteriormente por el de los Manrique, los verdaderos creadores del futuro Condado de Castañeda, una entidad territorial de la que Toranzo sería centro socioeconómico, a pesar de las innumerables luchas y pleitos que sostuvo con los sucesivos Condes.


En la Alta Edad Media se originaría, de la mano de Alfonso I de Asturias (739-757), hijo del Duque Pedro de Cantabria, el proceso de reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes. El desafío cristiano se inició en la Batalla de Covadonga (722), de la mano de su suegro don Pelayo, un noble visigodo que había vivido en Córdoba. Se trata del origen del Reino de Asturias, un territorio que se extendería desde tierras gallegas hasta la ribera del Duero. Alfonso I comenzó un largo trasvase de población cristiana de la meseta hacia los valles cantábricos, formándose en torno a los monasterios e iglesias, las diferentes comarcas cántabras.
A partir de este momento desaparece documentalmente el término de Cantabria, en su lugar encontramos a Asturias y, a partir del siglo XIII, el de las distintas merindades en que fue administrativamente dividida: Campoo, Liébana[1], Trasmiera para la zona oriental (desde el último tercio del siglo XV, con los Reyes Católicos[2]), y el de Asturias de Santa Juliana (Asturias de Santillana) para la zona central y occidental, desde la desembocadura del río Deva, hasta el Miera, y del mar hasta la cordillera cantábrica. Anterior a esta denominación, entre los años 1175 y 1269, tenemos documentada la existencia de la Merindad - con un solo merino - “Peñas de Amaya fasta el Mar”, abarcando las Merindades de Campoo, Liébana y Asturias de Santillana, esta última denominación permanecerá hasta el primer tercio del siglo XIX.
La demarcación de Asturias de Santillana se irá configurando en torno a las villas de San Vicente de la Barquera, Santillana del Mar y Santander; y en base a una serie de unidades administrativas que irán surgiendo a partir del siglo X, que reciben el nombre de valles y alfoces, formando conjuntamente a partir del siglo XIII la Merindad de Asturias de Santillana y, a partir de 1396, el Corregimiento de igual nombre, acogiendo también Liébana, Campoo y Pernía[3]. A mediados del siglo XI, con el Rey Fernando I (1037-1065), Asturias de Santillana ya se había integrado definitivamente a la Corona de Castilla y, en cuanto a la circunscripción eclesiástica, durante la Edad Media formó parte de la diócesis del obispado de Burgos, exceptuando ejemplos como el monasterio de Santa María de Yermo, que perteneció durante todo el periodo al Obispado de Oviedo.
Toranzo fue por tanto, uno de los antiguos valles que formaban la Merindad de las Asturias de Santillana y se componía a grandes rasgos de los actuales municipios de: Luena, Corvera de Toranzo, Santiurde de Toranzo y Puente Viesgo.
Como hemos visto el Valle permanecía poblado desde la prehistoria, recordemos las evidencias del Monte el Castillo en Puente Viesgo, no obstante será en plena fase de reconquista cristiana, cuando se inyecte una serie de gente proveniente de la Meseta. Este proceso de ocupación se irá articulando en torno a la fundación de iglesias o monasterios, conformando los distintos pueblos del Valle mediante una serie de hogares de carácter familiar que llevarían a cabo la explotación de una tierra, cuya posesión iba a registrar un gran cambio en cuanto a su distribución. La propiedad comunal daba paso a una propiedad privada, pero al mismo tiempo ésta se comprometía con alguna célula de ordenación que, en mucho de los casos, fue el Monasterio de Santa Juliana (actual Santillana del Mar), estableciendo la característica red de relaciones feudales. Un buen ejemplo de todo esto lo tenemos en un documento del 1 de septiembre del año 1018 por el que Annaya Frisila, hijo de Máximo y Gontroda, deja en testamento a la Abadía de Santa Juliana los bienes que tenía posiblemente en Villafufre “…in villa Erfuci cum ecclesia Sancti Vicenti in Valle Toranço”[4]. Del monasterio de San Pedro en Alceda tenemos noticias anteriores, concretamente del 857, en el testamento del Rey de Asturias y León Ordoño I (850-866). Otros ejemplos de donación a la abadía de Santillana son las que hacen Mansuara (Hansuara) y su hija Adesenda (Adavenda) el 29 de diciembre de 1021, o Roderico Monioz (Rodrigo Muñoz) y su esposa Tarasia el 7 de marzo de 1103, que intercambian con la abadía unas tierras de Oreña por otras en Toranzo,[5] posiblemente de Villegar.
El cambio de propiedad también se producía forzado por la inestabilidad política. Los campesinos frente a su vulnerabilidad irán entregando sus tierras a los señores a cambio de protección. Se van entonces a establecer modelos de encomienda, el más extendido en Asturias de Santillana era la Behetría. Aunque, al igual que los campesinos sometidos de un señorío, pasaban de ser propietarios a ser colonos de sus tierras, los de behetría tenían el derecho a elegir a su señor y la libertad de romper su vínculo cuando quisieran, hasta siete veces al día. Pero con el tiempo, estas prerrogativas se van deteriorando, convirtiéndose primero en un contrato hereditario para luego, en el siglo XII, pasar a denominar behetría no sólo a la relación, sino a los hombres y a sus tierras.
Existían varias clases de behetría, entre ellas destacaban las de linaje, en las que se obligaba al campesino a elegir señor entre los miembros de una determinada familia; y las behetrías de mar a mar, en las que se podía escoger libremente “siquier de Sevilla, siquier de Vizcaya ode otra parte[6]. Parece ser que en Toranzo predominaban las behetrías de mar a mar, aunque algunos autores afirman que fueron las de linaje las más numerosas, ya que aquellos que tomaban yantares[7] en el Valle eran casi siempre los mismos: los Arce, los Ceballos, los Villegas, los Vega, los Obregón y a veces los Castañeda. Predominaban en estas tierras los hidalgos, casi la totalidad de la población, por lo que estaban exentos de pagar pechos[8] y tan sólo contribuían al señor que habían elegido para su protección.
Pero, como veremos, los distintos señores no se conformarán con este tipo de relaciones tan livianas, tendiendo, en la mayoría de los casos, al sometimiento y recaudación de tributos por la fuerza. En la circunscripción de Asturias de Santillana, durante la Baja Edad Media, dos serán las principales familias que se repartan la explotación del territorio; la Casa de la Vega-Mendoza o Marquesado de Santillana, con los valles de Carriedo, Cayón, Villaescusa, Piélagos, Camargo, Reocín, Alfoz de Lloredo, Cabezón y Cabuérniga; y la Casa de los Manrique, Condado de Castañeda o Marquesado de Aguilar, con los valles de Iguña, Toranzo, Val de San Vicente, Rionansa, Tudanca, Buelna[9] y la villa de Cartes. En el caso concreto del Valle de Toranzo, ambas casas nobiliarias se disputarán su dominio, protagonizando graves conflictos e interminables procesos judiciales.

Un buen documento para dibujar el mapa de las relaciones señoriales en la zona es el llamado Becerro de las Behetrías[10] también conocido como el Libro de las Merindades de Castilla, escrito en 1352 a instancias de Pedro I de Castilla, a quien le habían solicitado sus nobles en Cortes la realización de pesquisas, para una mejor repartición de las behetrías de linaje entre los naturales de las mismas[11]. Con tal información se realizó un apeo en el que se recoge la forma de gobierno de cada localidad, el señor y los tributos que a éste y al Rey pagaban los vecinos. La denominación de becerro se debe a que el soporte en el que escribe este catalogo es la piel de becerro, muy corriente en la época para la confección de pergaminos.
En este documento se afirma que de 179 lugares que se mencionan en Asturias de Santillana, 106 eran de behetría, y que en el Valle de Toranzo la mayoría de las behetrías eran a favor de la casa de los Ceballos, destacando también los encomendados a los Castañeda, Villegas o Arce. Junto a la behetría existían otros tipos de dependencia como abadengo, solariego (Santiurde y San Miguel de Luena), encontrándonos también un importante ámbito de realengo: Castillo Pedroso, Esponzués, Villegar, Quintana, Corvera, Prases y San Andrés de Cillero[12]. En ningún caso nos encontramos con un lugar de señorío en el Valle.
Pero medio siglo más tarde, en el Apeo del Infante Don Fernando de Antequera[13], un catálogo de todas las vinculaciones y derechos de ciertos lugares de Asturias de Santillana, Campoo, Castilla Vieja[14], Saldaña, Pernía y Liébana, confeccionado por don Pedro Alfonso de Escalante en 1404 a petición de dicho Infante, las cosas habían cambiado considerablemente. De 187 lugares de las Asturias de Santillana, 152 eran de behetría, pero de estos sólo 112 se correspondían con los 179 del Becerro, un gran número de concejos habían pasado a ser señorío, institución que se había expandido notablemente[15]. Observamos que en el Apeo aparece la Casa de Castañeda cobrando tributos a gente de behetría del Valle: en Alceda, Luena, Bejorís, Bárcena, Castillo Pedroso, Esponzués, Quintana de Valdetoranzo, San Martín de Valdetoranzo, Santiurde de Valdetoranzo, Salcedillo, Villasevil, Villegar y Aes. Esta contradicción que representa el sometimiento de una behetría, se debe a la concesión de privilegios reales a ciertos señores para cobrar los derechos que el Rey tenía en las behetrías: alcabala, martiniega, fonsadera…; e incluso para ejercer la jurisdicción o control de la justicia. Pero intentemos hacernos una idea de lo que sucedió para que se produjese este aparente cambio de propiedad, ya que en la mayoría de los casos los lugares continuaban siendo de behetría o realengo.


Como ya hemos visto, durante el siglo XII el Monasterio de Santa Juliana ejerció el dominio en gran parte de la comarca, pero el auge de la nobleza actuó en su detrimento y, ya en época de Fernando III el Santo (1217-1252), el linaje de los Castañeda dominaba varios valles, entre ellos el de Toranzo y parte del de Carriedo. El responsable de este sometimiento fue don Diego Gómez de Castañeda[16], hombre de armas que sirvió al Rey y se casó con doña Mayor Álvarez de Asturias, con quien tuvo a don Pedro Díaz de Castañeda, y don Nuño Díaz de Castañeda, hermanos que compartieron el oficio de Almirante de Castilla al menos entre los años 1286 y 1291. En 1356, don Diego Gómez II[17], hijo de don Pedro, también Almirante de Castilla (1311) y último señor “natural[18]” de Castañeda, muere violentamente en Toro, en el proceso de lucha por el poder que enfrenta a Pedro I El Cruel (1350-1369) con sus nobles. Pero la Casa de Castañeda no desaparecería ya que, el 10 de febrero de 1333, Alfonso XI (1312-1350), había concedido el señorío, junto con el territorio de Liébana[19] y Aguilar de Campoo (1339), a uno de sus bastardos, el Infante Don Tello, un personaje a quien su matrimonio con doña Juana, hija de don Juan Núñez de Lara y de doña María de Vizcaya, le habían proporcionado enorme influencia política en gran parte del territorio cantábrico[20]. Parece ser que don Diego Gómez II había intercambiado o vendido con el Rey sus derechos sobre las behetrías de Castañeda, pues Alfonso XI las pretendía para su hijo don Tello. Prueba de ello son las menciones que se hacen en diversos lugares del Becerro de las Behetrías a la “…compra de Castañeda…”; o en diversas declaraciones recogidas por el Apeo de 1404, dadas en San Martín de Toranzo y Las Presillas, en las que se afirma que las rentas y derechos que tiene el Rey en la zona son suyas porque “…las trocara el Rey por Cabreras e por otro lugar con Diego Gómez de Castañeda”.[21]
El hermano de don Tello e instaurador de la Casa Real de los Trastámara, el también bastardo Enrique II (1369-1379), siguiendo su famosa política de “mercedes enriqueñas” o concesiones del realengo a aquellos señores que lo apoyaron en la guerra civil contra su hermano Pedro I el Cruel[22] (1350-1369), lo confirma el mismo año de su muerte, en 1370, como Conde de Castañeda y Vizcaya, un título que parece referirse más a su persona que a una entidad geográfica. Es decir, no pensamos que se cree un condado que abarque ese extenso territorio, aunque nos consta que Castañeda sí tendrá esa relación territorio-condado, Vizcaya no y, las referencias que se hacen a su persona, aluden al Conde don Tello, señor de Vizcaya y de Castañeda[23].
A su muerte, el 15 de octubre de 1370, deja el señorío de Castañeda en herencia a su hija doña María, pero unos meses después, el 18 de febrero de 1371 en Sevilla, Enrique II dona mediante Privilegio Real a su sobrino y hermano de María, don Juan Téllez Girón, los señoríos de Aguilar de Campoo, Castañeda[24] y las merindades de Liébana, Pernía y Campoo de Suso, así como los castillos de Vispieres y Peñamellera[25]. Don Juan Téllez, Alférez Mayor del Rey, se había casado en segundas nupcias con doña Leonor de la Vega, heredera del señorío de la Vega, con quien tuvo a don Juan el Mozo y a doña Aldonza Téllez de Castilla (Aldonza de Castañeda). Moriría el 14 de Agosto de 1385, en la Batalla de Aljubarrota (Portugal), pasando sus bienes a su hijo don Juan el Mozo, que falleció poco después (1392), siendo aún niño, retornando de esta forma a la Corona los señoríos y merindades donadas como “merced enriqueña”, y posteriormente Liébana, Pernía y Campoo de Suso entregadas en 1395 por Enrique III (1390-1406) al Almirante Diego Hurtado de Mendoza, que se había casado en 1387 por segundas nupcias con doña Leonor de la Vega. Así comenzaría un pleito entre la casa de la Vega y la de Castañeda, que alcanzaría el siglo XVI[26].
Por otra parte, doña Aldonza de Castañeda, a la muerte de su padre y hermano, se convertiría en única heredera, por lo que su marido[27], don Garci Fernández Manrique de Lara, Canciller Mayor de Castilla, aparece ya en 1398 como señor de Castañeda y de Aguilar de Campoo, ratificado más tarde por un privilegio de Juan II (1406-1454) el 28 de octubre de 1420, ante el cual envía a su mujer doña Aldonza a tomar posesión[28] en Castañeda y sus villas. El 24 de enero de 1421, el concejo de San Yuste de Val de Iguña, los procuradores de Quintana, Castillo, Villegar, Esponzués, Salcedillo y el Alcalde del Valle de Toranzo, prestaban juramento y homenaje a doña Aldonza. Cuando el Rey se entera de la toma de posesión de unos territorios que le habían sido forzados a conceder[29], envía ese mismo año por medio de un ballestero de maza la orden de que no se recibiese a don Garci como señor de esas tierras, pero partidarios de éste apalearon al emisario real. Al enterarse Juan II parte hacia Castañeda con un ejército de mil lanceros y desde Aguilar envía una avanzadilla de cien hombres al mando de su Repostero Mayor don Diego Pérez de Sarmiento y del Corregidor de las Asturias de Santillana, don Pero González del Castillo, para dar castigo a los que habían agraviado a su delegado. Se aplica la pena de muerte, el destierro, azotes o demolición de las viviendas de aquellos partidarios del Conde que habían huido[30]. Don Garci fue encarcelado poco tiempo después y sus bienes embargados. Pero un giro en la política real tendente a un acercamiento con la nobleza, hace que sea liberado en 1428, que le sean devueltas sus tierras e incluso, que el 26 de junio de 1429 le sea concedido el título de primer Conde de Castañeda, confirmado mediante Privilegio Rodado el 25 de febrero de 1430[31], en el que se detallaba la donación “por juro heredad, perpetuamente, para siempre jamás, la jurisdicción civil y criminal alta y baxa y mixto imperio”, se permitía la institución del mayorazgo y la aplicación de la libre disposición, excepto en el caso de religiosos, propiedades del clero o a gente que no fuera del reino.


Tras la concesión del Condado de Castañeda, Don Garci Fernández de Manrique se traslada a sus posesiones para recibir el pleito homenaje de cada una de sus concejos. Del día 2 al 9 de noviembre de 1429 recorrería el Valle de Toranzo: Castillo Pedroso, Esponzués, Santiurde, Vejorís, Acereda, Bárcena, Alceda, San Vicente, Villegar, Quintana, Salcedillo, Borleña, Corvera e Iruz. Posteriormente pasa al Valle de Carriedo, Villaescusa, Camargo, Corbán, Cueto, Piélagos, Cartes, para luego desplazarse más a occidente, Vernejo, Fuentoria, Luey, Cabanzón, Merodio y San Vicente de Panes.
El 22 de mayo de 1436 fallece en Alcalá de Henares don Garci Fernández de Manrique, pasando el título y bienes, por mandato real de 8 de junio de 1437, a su primogénito don Juan García (Fernández) Manrique, quien de esta forma se convierte en el II Conde de Castañeda, además de ser Canciller Mayor de Castilla y señor de numerosos lugares. Contrae matrimonio con doña Mencía Enriques, hija del Almirante Mayor de Castilla, pero ésta fallecerá en 1480, por lo que se vuelve a casar con doña Catalina Enríquez de Ribera. El 20 de junio de ese mismo año, los Reyes Católicos confirman todos los privilegios y donaciones a la Casa de Castañeda y le conceden la facultad de fundar mayorazgos. Así en 1484 crea uno en favor de su primogénito don Garci Fernández Manrique, quien a la muerte de Don Juan, en 1493, hereda el III Condado de Castañeda, la villa de Aguilar de Campoo y el oficio de merino de la Merindad de Aguilar de Campoo. Anteriormente, los Reyes Católicos le otorgarán por Real Merced de 1484 el Marquesado de Aguilar[32].
La debilidad de la monarquía durante los siglos XIV y XV provocó un rápido ascenso de unos señores que utilizaban sus influencias para reforzar su poder mediante la concesión de privilegios, donaciones y el establecimiento de mayorazgos, un deseo cargado de ambición que chocaría con la oposición de los habitantes del Valle de Toranzo, un lugar en el que la confusa red de relaciones señoriales complicaba la toma de poder de un Conde a quien no le importaba la condición de sus vasallos. Estas disputas no eran exclusivas de este Valle, sino que se repetían por toda la geografía, propiciando la aparición de una arquitectura muy característica en Cantabria, es la época de construcción de unas torres que, en el caso de las que se han conservado hasta nuestros días, han pasado a formar parte de nuestros históricos paisajes. Es cierto que anteriormente existían ya gran número de estos edificios, pero es indudable que su número se multiplicó en estos siglos, dando cobijo a las ambiciones de unos señores y protección a las libertades de otros. Conocemos gran número de estas luchas por las alegaciones que se realizan en los interminables pleitos que se generan entre el Valle de Toranzo y los Condes de Castañeda.


En 1337 el concejo del Valle de Toranzo puso en conocimiento de Alfonso XI los agravios que recibía del señor de Castañeda, de los Merinos y de los caballeros hijosdalgos, y solicitó la devolución de sus antiguos privilegios. Esta protesta origina la confirmación real, otorgada en Tordesillas el 18 de Julio de 1337, que se considera Fuero Comarcal, recogiendo por escrito el régimen jurídico y privilegios que el Valle de Toranzo tenía desde “el tiempo de los Reyes onde nos venimos ê en el nuestro fasta aquí”[33]. El privilegio sería posteriormente confirmado en varias ocasiones, por Enrique II en las Cortes de Toro de 1370; por Juan I el 15 de agosto de 1379; por Enrique III el 15 de mayo de 1392; por Juan II el 23 de noviembre de 1411; por Isabel la Católica el 20 de julio de 1478; por doña Juana La Loca el 2 de julio de 1513; y por Felipe II en 1536. Pero las intromisiones señoriales en el Valle no cesaron y el territorio tendería a la despoblación, como afirma el Rey en este privilegio: “E, por todas estas cosas y daños y males que han rescivido y resciben, que se despuebla el dicho lugar, en guisa que non han fincado si non pocos pobladores”.
No obstante la demanda de 1337 sería el primer ejemplo de resistencia popular frente al poder señorial, una actuación que sentó precedente en casos como el Pleito Viejo[34], reacción de la Villa de Santillana el 3 de noviembre de 1435 ante la usurpación jurisdiccional y el sometimiento con métodos violentos de sus habitantes, a manos de don Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana “e otras personas”, entre las que destacamos al Conde de Castañeda en Cartes, Toranzo y Castañeda. Otro ejemplo es la demanda que el Valle de Carriedo realiza en 1495 al mismo Duque del Infantado y Marqués de Santillana ante la Real Chancillería de Valladolid (especie de Tribunal Superior de Justicia), por idénticos motivos, consiguiendo la condición de realengo en 1501. Con el tiempo se sucederán iniciativas similares en otros valles que conducirán a la formación de la actual Cantabria. Como el Pleito de los Valles, presentado en 1544 por los reales valles de Camargo, Villaescusa, Penagos, Cayón, Piélagos, Reocín, Cabezón, Cabuérniga y Alfoz de Lloredo, solicitando la rehabilitación de su condición de realengo frente a las injusticias del Marqués de Santillana, quien intentaba convertir las jurisdicciones en solariegas, es decir, estos valles debían depender sólo de lo reyes y ser tutelados por oficiales de la administración y, en su lugar, se les había impuesto una dependencia hacia el Marqués. En 1553 se dicta sentencia favorable a los valles, pero como en el caso del Pleito Viejo, será continuamente apelada hasta que en 1581 se emite el fallo en revista confirmatoria, declarando la reversión a la Corona y, por tanto, la facultad de ésta para ejercer señorío y jurisdicción civil y criminal, nombrando alcaldes, escribanos y merinos. Esta unión y su respectiva victoria, serviría a los valles como génesis para asociarse entre ellos y establecerse posteriormente en provincia junto a gran número de jurisdicciones de la actual Cantabria, a partir de las Ordenanzas de 28 de julio de 1778[35].
En 1437 algunos vecinos de Toranzo se querellan contra el Conde de Castañeda alegando que eran de behetría y no vasallos de don Juan García Manrique. Por estas quejas, o simplemente por especificar aún más la concesión que realizó el 8 de junio de 1437 al Conde, el Rey precisa la “quieta posesión de 800 vecinos en dicho condado”, el caso es que don Juan García Manrique también había denunciado que los Corregidores de la Merindad de Asturias de Santillana le habían ocupado muchos de los bienes y vasallos de su condado. La incautación de las nuevas posesiones alcanzó el Norte del Valle hasta las localidades de Corvera y Villasevil y, ante las quejas de ambas partes, el monarca manda realizar pesquisas enumerando la cantidad de vasallos del Conde en cada lugar. Aún así, no conseguiría que los vecinos quedasen contentos por lo que debe realizar una nueva pesquisa y una nueva atribución de los 800 vasallos “en otros lugares de mi realengo cercanos que no fuesen de behetría”, alcanzando esta vez los lugares de Iruz, Cillero, San Martín, Villegar, Esponzués, Salcedillo, Quintana y Castillo Pedroso en el actual Toranzo, incluyendo si hablamos del antiguo Valle de Toranzo a Aés, Las Presillas, Hijas, Corrobárceno y San Andrés de Luena.
La solución había resultado ser una verdadera trampa y ahora atribuía al Conde gran parte del Valle, lo cual desencadenó nuevas denuncias, una por parte de don Íñigo López de Mendoza, que alegaba que todos los lugares de Toranzo y desde el portazgo de Pie de Concha hasta el mar, pertenecían a su familia por medio de una compra que sus antecesores habían hecho a don Sancho Ruiz de Villegas; otra acusación por parte de Ruy González de Villasevil[36], como representante de los Concejos y hombres buenos escuderos del Valle, denunciando que Toranzo era de behetría; y otra querella a manos de don Juan Díaz de Ceballos, señor de la Torre de las Presillas y Pariente Mayor de la Casa de los Ceballos, quien sostiene que las behetrías de Toranzo eran naturales de los Ceballos. El pleito comenzó en Arévalo el 8 de febrero de 1438 y finalizó en Madrigal el 31 de diciembre del mismo año, con sentencia favorable al Conde de Castañeda.


El Conde don Juan, viendo que, después de haberse procurado numerosos privilegios y confirmaciones de los mismos concediéndole el territorio del condado, los habitantes seguían resistiéndose a su sometimiento, decide darles escarmiento asolando en 1438, junto a 5.000 soldados de a pie y caballo, los valles de Toranzo, Cayón y Castañeda, derrotando a sus vecinos en la llamada Sierra del Caballar (650 m), en la divisoria de la vega de Villafufre y la de Cayón. Asesinó al Alcalde de Toranzo, don Francisco Ruiz de Ceballos, natural de Bejorís, derribó varias casas en Vargas (Torre del Acabal), Cayón y Toranzo, como la torre de don Pedro Díaz de Villegas en Acereda, edificio que nunca se volvería a erigir. Numerosos linajes toranceses fueron derrotados en esta batalla: Villegas, Ceballos, López-Guazo, Bustillo, Manjón, Pacheco, Portilla, Castañeda, Barreda, Bustamante, Quintanal, Escalante, Arce, Rueda…[37]
Según la tradición, recogida en la obra Toranzo de M. C. González Echegaray, no tardaron mucho nuestros hidalgos en tomarse la revancha. Unos años después de esta derrota, don Rui Gómez, nombrado Justicia Mayor del Valle a manos del Conde de Castañeda, será dado caza como una alimaña, y ahorcado en una cagiga del Pico de la Coronilla, en la divisoria con el Valle de Carriedo.
Para echar más leña al fuego, el 28 de agosto de 1444, Juan II concede al Conde de Castañeda el Valle de Toranzo íntegro, junto a Val de Iguña, Val de San Vicente y Rionansa, privilegio ratificado el 21 de noviembre de 1448. Posteriormente, los Reyes Católicos confirman el 20 de junio de 1480, todos los privilegios concedidos a don Juan García Manrique, lo que originaría nuevos pleitos.
En 1482, los vecinos del Valle de Toranzo litigan contra el Conde de Castañeda, acusándole nuevamente de cometer agravios en el Valle y solicitando a la Chancillería una reversión del cobro de las alcabalas a la Corona. Denuncian el ejercicio de jurisdicción del Conde y piden que se les devuelva la facultad de nombrar sus propios alcaldes, como se hacía en todos los lugares de behetría. La querella contra dichos excesos se reitera en 1497, pero el pleito se alargaría hasta 1661, momento en el que la balanza se inclina hacia Toranzo.
En 1497 tiene lugar un importante hecho histórico en la iglesia románica de Santa Cecilia (finales del siglo XII) en Villasevil. Se trata de la boda entre el príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos y la princesa doña Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso. Don Pedro Ruiz de Villegas corrió con los preparativos, tratando de ganarse el favor de los reyes en la lucha que mantenían con los Manrique por el control del Valle de Toranzo. La boda estuvo repleta de sucesivas casualidades, la Princesa de Austria debía desembarcar en Laredo, pero una tormenta la hizo dirigirse al puerto de Santander. La espectacular comitiva de la Princesa se dirigía a Burgos, mientras, el séquito del Príncipe don Juan, se dirigía a su encuentro el cual se produjo en Villasevil a mediados de marzo de 1497. El motivo de la boda lo atribuye José María de Cossío a la “posible impaciencia erótica del príncipe”. Aquí en Villasevil y, debido a esta anticipada boda, se originó el cambio más brusco de nuestra historia, pues al morir el príncipe don Juan en agosto de ese mismo año, y extinguida la rama masculina de las dinastías españolas, será la casa austriaca la que ocupe el trono.
Por otro lado, este notable enlace, nos permite hacernos una idea de la importancia de la vía torancesa en los desplazamientos de la época hacia Burgos, ya que en el itinerario del viaje se comenta el paso por un puerto que sin duda se trata de El Escudo: “…en medio de este camino pasamos un río llamado Ebro[38]”, un camino que en la Edad Moderna sería muy utilizado por los arrieros que surtían de lanas y trigo a Santander, a pesar del estado del firme, las extremas pendientes y la peligrosidad del río Pas, al que debían atravesar nueve veces por endebles puentes de madera. Tan sólo el de Puente Viesgo era de piedra, y nos consta que fue reparado en 1675[39].








El Valle de Buelna perteneció a don Pero Niño, miembro de la Casa de la Vega que consiguió la concesión real del valle, con título de Conde de Buelna, el 30 de mayo de 1431, pero al morir sin descendencia el condado fue comprado en 1461 por el Conde de Castañeda, futuro Marquesado de Aguilar, a quien pertenecería hasta época constitucional.
Fue una de las merindades más complejas de la Corona de Castilla y comprendía los términos más orientales de la actual Cantabria y territorio de las provincias de Burgos, Álava y Logroño.
ORTIZ REAL, Javier (2001), Castañeda. Historia y Documentos. (Pág. 16). El autor se refiere a este personaje como Día Gómez de Castañeda, pero creemos que su verdadero nombre es Diego y por ello muchos autores para referirse a su homónimo nieto hablan de Diego Gómez II. De hecho, el mismo autor en la obra “La Baja Edad Media”. Tomo IV de Historia General de Cantabria de 1986, escrita junto a Rogelio Pérez Bustamante, se refiere al mismo personaje con el nombre de Diego Gómez II (Pág. 10 y 93).

ORTIZ REAL, Javier (2001), Castañeda. Historia y Documentos (Pág. 18).

EL Rey Pedro I había desposeído a don Tello de sus propiedades en Castañeda en 1352 para dárselo a don Diego Pérez Sarmiento.
PÉREZ BUSTAMANTE, Rogelio (1976): “El Condado de Castañeda al Tiempo de su Concesión por el Rey Juan II de Castilla a don Garci Fernández Manrique”.
ESCAGEDO SALMÓN, M. (1917): “La Casa de la Vega: comentarios a las Behetrías Montañesas y el Pleito de los valles”. Tomo II de Estudios de Historia Montañesa. Torrelavega. (Pág. 91). El señorío de Vizcaya se lo entrega Enrique II a su hijo y heredero el Infante don Juan, futuro Juan I.
No es una plena posesión, el Rey concede la tenencia del señorío y no la propiedad del condado (como bien se explica en la Crónica de Juan II).
Juan II había sido secuestrado bajo vigilancia en Talavera, por el Infante de Aragón don Enrique, quien le obliga a realizar ciertas concesiones, entre ellas el señorío de Castañeda a don Garci Fernández Manrique.
Parece ser que el Conde don Garci Fernández Manrique hereda el mayorazgo en el mismo año que se establece, en 1484, porque en ese año le es concedido a él, el título de Marqués de Aguilar. Si su padre, don Juan Fernández de Manrique, aún ejerciese de señor de Aguilar le hubieran dado el título a él.
Se conoce también como la primera fase del posterior Pleito de los Valles, y a través de él conocemos la violencia ejercida por el Conde de Castañeda en Toranzo, además de la de los Mendoza en Asturias de Santillana, los Guevara en Valdáliga y don Pero Niño en Buelna.

ORTIZ REAL, Javier y PÉREZ BUSTAMENTE, Rogelio (1986): “La Baja Edad Media”. Tomo IV de Historia General de Cantabria. (Pág. 193 y 200).
[39] CASADO SOTO, José Luis (1986): “Siglos XVI y XVII”. Tomo V de Historia General de Cantabria. (Pág.54).





PRESENTACIÓN

NOBLE LINAJE, con muy antiguo solar en el valle de Castañeda (cuyo nombre tomó), en Cantabria.
Los autores que han tratado de esta casa y apellido explican sus orígenes de muy distintas maneras, por que las sombras de lo pretérito velan su principio; pero los más autorizados coinciden en señalar como progenitor de su linaje al Conde Gutierre Rodríguez, que floreció a fines del siglo XI y era hijo de Rodrigo Díaz, Duque de Asturias y Conde de Oviedo, y quinto nieto del Rey Don Fruela II de León
I. Dicho Conde Gutierre Rodríguez, fue el primer Señor de Castañeda por haber casado con una señora en la que había recaído una antigua y poderosa casa, que tenía en Señorío el valle de Castañeda, y de este matrimonio fue hijo primogénito:
II. El Conde Muño o Nuño Gutiérrez, segundo Señor de Castañeda en sucesión de su madre, Ricohombre del Rey Don Alfonso VI y padre de

III. El Conde Góme Muñoz o Núñez de Castañeda, tercer Señor de Castañeda y Ricohombre del Rey Don Alfonso VII, el Emperador. Casó con la Condesa María Frolaz, hija de Fruela Ramírez, Conde de Astorga, de Lemos y del Bierzo, de la que tuvo por hijo primogénito a
IV. Diego Gómez de Castañeda, cuarto Señor de Castañeda, que floreció en el siglo XIII y fue Ricohombre de don Fernando III el Santo, a quien sirvió en las guerras de su tiempo. Casó con su tía Mayor Alvarez de las Asturias, naciendo de este enlace varios hijos, de los que fue el primogénito:
V. Pedro Díaz de Castañeda, quinto Señor de Castañeda, Ricohombre de pendón y caldera y sexto Almirante de Castilla, que murió el año de 1290. Había casado dos veces: la primera, con Mayor Alonso de Celada (hija de Alonso García de Villamayor, Ricohombre y Señor de Celada, y de su mujer Leonor Alfonso), y la segunda, con Inés Rodríguez de Villalobos, de la que tuvo a Berenguela de Castañeda, mujer de Lope Rodríguez.

Una línea de Castañeda entroncó con los Carrillo, Señores de la villa Hormaza, de la provincia de Burgos (que no hay que confundir con la villa de las Hormazas, en la misma provincia, que poseían los Castañeda.

Otra línea tuvo casa en el valle Toranzo (Cantabria), y sus descendientes moraron en San Martín de Toranzo y en Iruz, lugares del citado valle, pasando también a Valladolid y Madrid.
En el valle de Carriedo tuvo casa solar en el lugar de Tezanillos.
Otra tuvo asiento en la villa de Torrelavega (Cantabria), y obtuvo el título de Conde de Udalla concedido el 19 de Junio d e 1871 al Teniente General de los Ejércitos Ramón Castañeda y Fernández.
Otra radicó en Osuna (Sevilla), pasando sus descendientes a Madrid.
Otra moró en Pinto (Madrid), la Puebla de Montalbán (Toledo y Madrid).
Otra apellidada Castañeda y Navarrete, ostentó el título de Barón de Pemarola.

Otras se extendieron por las provincias de León, Palencia y Valladolid, y probaron, como todas las anteriores, repetidamente su nobleza.

Una familia ya estaba establecida en Cáceres en el siglo XV, en la feligresía de la parroquia de Santa María, donde tenían sus enterramientos.
En Alava tuvo casas solares en la villa de Santa Cruz de Campezo, documentada en 1550, y en la villa de Salinas de Añana, en 1570.

En Vizcaya tuvo casas solares en la villa de Bilbao documentada en 1464, y en la villa de Portugalete documentada en 1580.

En Aragón tuvo casas solares en la ciudad de Zaragoza, su dueño Rodrigo de Castanyeda, y en Rivas, del Ayuntamiento de Egea de los Caballeros (Zaragoza), su dueño Pedro de Castaneda, documentada en la Fogueración aragonesa de 1495.
En Cataluña tuvo solar en Vallmoll, su dueña la viuda Castanyeda, documentada en la Fogueración catalana de 1553.
Pedro de Castañeda obtuvo repartimiento en la ciudad de Guadix (Granada) por ser vecino o poblador de ella en 1489.

Pasaron a Argentina, Colombia, Cuba, Chile, Estados Unidos, Filipinas, Guatemala, Honduras, Inglaterra, Panamá, Perú, República Dominicana, El Salvador y Uruguay. 



GENEALOGÍA DEL SOLAR DE GUZMÁN. .Pag.585

Cuyo solar fue de grandes caballeros descendientes de la casa de Haro y del Infante Don Zuria y de Memorama, la Infanta de Escocia, de quien procedio Diego Lopez de Haro, señor de Vizcaya, que se hallo en la gran batalla de las Navas, quien fue padre de Gonzalo de Haro, a quien dio el señorio de Castañeda, por lo cual se llamo de este nombre y sus sucesores continuaron.



ESCUDO ARMAS MODERNAS




ARMAS:

En campo de gules, tres bandas
de plata, Cargadas de siete
armiños
de sable, tres en el centro y
dos
en cada una de las laterales.

ESCUDO ARMAS ANTIGUAS





ARMAS:

El primero de azur con seis bandas de
Plata
Segundo de oro con cinco calderones dispuestos de aspas
Bordura de plata cargado de ocho manojos de armiño
De sable.
TIMBRE: tres plumas de avestruz.



SEÑORES DE VIZCAYA



Armas primitivas de la casa de Haro,4titulares del señorío de Vizcaya entre el siglo XI y siglo XIV. Su composición se ha transmitido a la heráldica de numerosos municipios de la provincia de Vizcaya.
En lo relativo a los señores de Vizcaya, pueden establecerse tres épocas:
La primera, la apócrifa, que arranca de Andeca y termina en don Zenón; Segunda, la Zuriana, desde Zuría y sus sucesores envueltos en leyendas, pero entre los que quizás exista algo auténtico, y tercera, los notoriamente verdaderos.
Algunos suponen que, como los Condes de Castilla brillaban por sus hazañas y virtudes cívicas y militares, y su jefatura llegaba hasta Mena y Ayala, y a alguna parte de lo que después fue tierra encartada de Vizcaya, y los Vizcaínos se fijarían en algún caudillo del linaje de los condes castellanos, a quien dieron el señorío, así como otros vizcaínos, los de Durango, se lo entregaron a los reyes de Navarra.
Estanislao J. De Labayru. Historia de Vizcaya. Tomo II, Libro Primero, Capítulo IV5
[Editar]Legendarios
Según Lope García de Salazar, hubo cinco señores de Vizcaya antes de los primeros señores que se pueden considerar históricos. Estos son:
§ Su hijo Munso o Nunso López (909-920)6
§ Ínigo Esquira, apodado "el Zurdo", o lo que es lo mismo Ezquerra. Hijo del anterior. (920-924)
§ Lope II Íñiguez, también llamado Lope Díaz "el Lindo", hijo del anterior. Casó con una señora castellana. (924-931)
§ Sancho López, hijo del anterior (931-993)
Y a partir de aquí, la relación de señores coincide con la histórica, que empieza con Ínigo Esquirra, al que considera el sexto Señor de Vizcaya y que era hermano bastardo de don Sancho.7
[Editar]Históricos


Estatua de Diego López V de Haro, señor de Vizcaya y fundador de la villa de Bilbao.



INFANTE DON ZURIA.


El origen de esta familia y la ocasión en que entró en el señorío de Vizcaya, según lo que más acertadamente han escrito, se deduce en esta forma. En la infelice y funesta batalla que Don Rodrigo, último rey godo, dio a los moros, que habían pasado de África por los años de setecientos y catorce, entre otros muchos caballeros murió uno muy principal del ilustrísimo linaje de los duques de Cantabria llamado Andeca, dejando sólo un hijo que se decía Hedón. Este casó con una señora francesa heredera del ducado de Guiana, con quien hubo aquel estado y tuvo en ella tres hijos y dos hijas. El mayor de los hijos se llamó Aznar, el segundo Hunuldo y el tercero Vifario. De las hijas la una se llamó Menina o Momerana, que dicen casó con Don Fruela rey de León primero de este nombre por los años de senténcienos y cincuenta y siete; y la otra aunque no dicen como se llamaba, afirman casó con un príncipe caballero godo llamado Muñoz señor de la isla de Cerdeña agora perteneciente a Cataluña.
De este duque Hedón hay gran noticia así en las historias de Francia como en las de España, por haberse hallado en la batalla memorable que dio a los moros Carlos Martel mayordomo mayor y gobernador de Francia en la ciudad de Turs el año de setecientos y treinta, en que murieron de los infieles trescientos y ochenta mil. Murió Hedón tres años después el de 733. Y por dejar a sus hijos de muy tierna edad se apoderó Carlos Martel del estado de Guiana. Sucedióle en el de Cantabria su hijo Aznar , el cual tuvo dos hijos, el mayor se llamó como el abuelo Hedón que le sucedió en el mismo estado por los años de 760, y el segundo se llamó Don Aznar y fue primer condel de Aragón el año de 780. De este Don Hedón fue hijo Don Zeno y le sucedió en el mismo ducado de Cantabria. Este tuvo solas dos hijas, la mayor de ellas, según escribe Lope García de Salazar, se llamó Doña Toda y casó con Don Iñigo Jiménez Arista rey de Navarra por los años de 842 cuyo matrimonio afirma también Zamalloa y le refiere Jerónimo2 Zurita. La segunda se llamó Doña Iñiga, que heredó el estado de Cantabria, casó con el infante Don Zuria, que quiere decir blanco en lengua cántabra, y si bien no tuvieron hijos, nuestra Doña Iñiga, señora propietaria, los vizcaínos le alzaron por señor del año de 870 debajo del árbol de Guernica, donde acostumbraba hacer sus juntas, y le casaron D. Dalda, hija de Don Sancho Esteguiz Hortúñez, señor de Tavira de Durango.
Era este infante Don Zuria hijo de Don Lope, caballero de grande estado en Vizcaya, descendiente -según la general y el conde Don Pedro- de Bermun Laínez hijo de Laín Calvo y de una infanta de Escocia con quien fue casado; en que concuerdan todos los historiadores antiguos y modernos, y así, como a nieto de rey, le llamaron infante.
A este infante Don Zuria ponen todos los historiadores por primer señor de Vizcaya. Tengo por cierto que es por haber sido electo a voluntad por los vizcaínos3 habiendo faltado en Doña Iñiga la de Andeca y de los demás que lo fueron por herencia.